Internet, sus tempos y cómo seducir.

AdeleFred1921

Si bien existen campañas virales que funcionan muy bien en cortos periodos de tiempo, lo normal, habitual y preferible es que todo fluya de una manera orgánica, que se extienda en el tiempo y que consiga asentar a tu marca como referencia de calidad atemporal. 

Siguiendo ese proceso, se comprende que en internet no existen las prisas. Pretender agobiar a la gente lanzando mensajes para que a uno le hagan caso es ridículo, no es serio y acaba causando el efecto contrario: que decidan dejar de prestarte atención. Lo ideal es generar una manera de comunicarte con tu target amable, honesta, poco agresiva, y en caso de que sea posible, divertida.

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La manera de comunicarse con un cliente a través de internet tiene mucho que ver con “ligar”. Si avasallas a una persona con halagos y promesas de amor lo más posible es que obtengas a cambio un rechazo absoluto, o en el mejor de los casos, una victoria espontánea que no se repetirá. Pero tú no quieres compartir unos insignificantes minutos de complaciente éxito, tú deseas un matrimonio serio y formal, con un contrato de por medio a ser posible. Y eso sólo se consigue con un cortejo extensible en el tiempo. Si no lo haces así, si juegas tus cartas con prisas y nervioso, acabarás como un amante que añora una victoria pasada mientras su conquista duerme en otra cama. Estos errores se cometen con demasiada frecuencia en las redes sociales y canales de comunicación de las empresas: concursos mal organizados, ruidosos y repetitivos, que no llegan acompañados de un mimo previo al usuario. También como promociones insistentes y poco adecuadas al medio, que aterrizan sin haber atisbado qué le interesa a tus compradores. Todo ello nos puede hacer parecer unos interesados; que vamos a lo que vamos.

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Es fácil detectar quién tiene prisa por convencer y quién prefiere tomárselo con calma. Es la diferencia entre tener una estrategia y no tenerla. Una pareja que se malogra llega porque ambos amantes ya no tienen nada qué contarse, porque ya se lo han dicho todo. No hay que dejar que eso pase, hay que dosificar la información, cuidar los regalos que se le hacena él o a ella, alternar la deliciosa rutina con la siempre encantadora espontaneidad; nunca dejar de sorprender, nunca dejar de enamorar.

Es fundamental analizar las reacciones de nuestros clientes como las de nuestra otra mitad, del mismo modo que te gustaría que estudiaran las tuyas propias. Es crucial medir y adaptar nuestros futuros movimientos a ellas. Con la obligatoria presencia de redes sociales, la posibilidad de incorporar anuncios en todos los sitios hasta llegar a ser invasivos, la facilidad de orquestar sorteos y lo sencillo que es actualizar una web hasta la extenuación, uno puede caer en el error de no medir sus acciones, de agobiar y de actuar con prisas; y eso no seduce, frustra. Demuestra una excesiva necesidad, te descubre como vendedor y no como esa persona especial que se andaba buscando. Es curioso, pero es letal cuando se rompe la magia de la pareja, cuando el príncipe se revela como sapo y tu conquista se ve a sí misma como un simple cliente.

 



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