No creo que ninguna causa ampare semejante barbarie.

Escribo este artículo antes del enfrentamiento celebrado ayer con el Barcelona y con el deseo y confianza de haber puntuado en la ciudad Condal, algo que en estos momentos se me antoja poco probable.

Antes de animar a la afición deportivista para asistir al próximo partido de Riazor, me gustaría mostrar mi sorpresa y disgusto por los hechos acaecidos el pasado domingo en un bar situado enfrente a la playa de Riazor. El local quedó prácticamente destrozado, parecía que hubiesen pasado por allí los bárbaros capitaneados por Atila Rey de los Hunos. A lo largo de la tarde me informaron que un grupo de bestias (en este caso no eran hunos) le habían despedazado el establecimiento a los propietarios. ¿El motivo? No creo que ningún modus vivendi ampare semejante barbarie. ¿Quién les va a pagar todos estos daños a los dueños del bar que se ganan honestamente la vida con este negocio?

Ojalá las fuerzas del orden desenmascaren a estos animales y que el peso de la ley caiga sobre ellos. Qué lejanos quedan aquellos tiempos de paz en los que los que no había peleas, ni ultras, ni bengalas, ni otras banderas que las de los propios equipos y la rivalidad entre las aficiones era algo sano, que daba colorido y se convertía en la salsa del fútbol. Muchos aficionados iban incluso con traje, como también se iba a los toros y la opera. Eran otros tiempos y si me permiten, había otra educación, algo que va a la deriva hoy en día.

¿No se han parado a pensar quién es el que financia los desplazamientos de todos estos bárbaros cuando viajan, que lo hacen siempre, cuando en la mayoría de los casos es gente joven y de poco poder adquisitivo? Vengo desde hace mucho tiempo observando todo esto y tengo la sospecha de que en la mayoría de las ocasiones no son los clubes (como ingenuamente se piensa) y sí algún partido político. Porque si no fuese así, ¿a qué viene a cuento que anden portando banderas (estratégicamente colocadas para que se vean en la televisión) que no tienen nada que ver con las de los clubes y sí con determinadas ideologías? ¿Por qué siempre que hay problemas (excepto en los denominados derbis) la ideología política de las dos aficiones es opuesta (nacionalista y no nacionalista)? ¿Por qué en la mayoría de las veces que hay hermanamiento de aficiones son del mismo signo o tendencia política? ¿Por qué se siguen admitiendo en los campos de fútbol la entrada de pancartas de contenido político que nada tienen que ver con el mundo del fútbol? ¿Por qué ya no se respetan los minutos de silencio ni los himnos? ¿A quién le beneficia todo esto? Les hago estas preguntas a modo de reflexión y haciendo, al mismo tiempo, un llamamiento a la calma y buena convivencia entre aficiones para que no se vuelvan a producir estos hechos tan lamentables.

El domingo contra el Almería puede ser un buen día (en caso que no hagan huelga los futbolistas de la AFE) para llenar el estadio y animar al Dépor a conseguir esa victoria tan esperada en Riazor. Con toda seguridad otro buen momento será la tertulia del descanso con los habituales del ambigú. Al principio de liga no pensábamos estar en estos puestos, y mucho menos tener tantas lesiones. De los árbitros esperábamos poco, pero no tan poco, pero eso es otro cantar. Aupa Dépor.

Artículo publicado en el diario gallego DXT Campeón.