Un día de fútbol en Riazor

Salgo de casa para asistir al partido Déportivo de La Coruña-Español en Riazor que se juega el sábado a las 6 de la tarde, por cierto, una hora poco habitual que ni los más veteranos recordaban. Al salir del portal miro para un lado y para el otro y no veo a ningún conocido. Decido emprender camino al estadio donde, ahora sí, me voy encontrado con las mismas caras que durante tantos años veo los días de partido. Saludo a un asiduo de la Vinícola, veo pasar a otro acompañado de su mujer, saludando a unos y otros. Decido hacer una parada en una cervecería de Alfredo Vicenti donde tomo una caña acompañado de Javier García. Comentamos los partidos anteriores y apostamos por una victoria del Dépor. Apurando el último sorbo salimos pitando para el campo (que después de tantos años, es casi como otra habitación de mi casa).

Me dirijo a mi localidad y saludo a Carlos Orozco, como siempre acompañado por su padre, socio de oro del Dépor. Atravieso la fila hasta llegar a mi sitio donde me espera mirando el reloj mi gran amigo Tuto Pérez-Cepeda. Desde dos filas atrás recibo un toque de atención de dos clásicos de la tribuna como son Antonio Spuch y Fefe del Río, pidiéndome puntualidad. Antes de revisar la alineación paso lista en la grada y compruebo que están los incondicionales Antonio Malingre y su madre, Ignacio Olavide y Miguel Orantes. También compruebo que falta Pedro Pajarrón, el doctor Iglesias y Elisa Páez. ¿Qué pasa? ¿La hora? ¿El día? ¿Una boda? ¿La gripe A? Seguro que el próximo partido estarán aquí, a disposición de Lotina. Ahora toca animar y ver  el partido del Dépor. Qué planazo ganar.

Comienza el partido con buenas sensaciones después de haber plantado cara a Ronaldo, Kaká y compañía y de ganar al Málaga, pero hay gol del Español. Después gol del Dépor –qué gran pase del flaco Valerón- y nuevo gol de los de Sarriá (para mí sigue siendo Sarriá, qué quieren que les diga). Llegamos al descanso perdiendo –gran culpa la tiene Verdú- y como es habitual patrullo acompañado de Tuto el pasillo del ambigú del tribuna. Saludamos a los entrenadores Fernando Blanco, Luis Rodríguez Vaz y comentamos el primer tiempo con Calín Barallobre (al que veo, como no podía ser de otra manera, con una radio pendiente de nuestra querida selección de baloncesto), Manuel Estévez y Pirulo Iglesias. Llega el momento de volver a nuestra localidad, pero noto la falta de Manolín. ¿Estará jugando al golf o de vacaciones en Asturias? Para evitar la llamada de atención de los dinosaurios me siento en mi sitio antes del pitido inicial. Comienza la segunda parte, a ver si remontamos, pero nos meten un gol y en la grada surgen los clásicos comentarios: “tiene que jugar Lassad”, “tiene que cambiar a Riki”, “debería jugar Mista” “éste siempre espera al minuto setenta y tantos para hacer los cambios…” Lotina escucha y decide hacer un triple cambio para contentar a la grada. Metemos un gol y el público anima, pero por desgracia los deberes no se pueden dejar para el último momento.

Acaba el partido y perdemos. Buena hora para tomar un refrigerio con los amigos y comentar la jornada de fútbol. Ahora toca esperar el próximo partido. Por cierto, el que avisa no es traidor: cuidadín con el gallego Emilio Viqueira en Jerez. No hay peor cuña que la de la misma madera.